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lunes, 5 de septiembre de 2016

Islas de San Juan. Sábado

Este sábado el Savreh ha participado en la actividad Carpe Diem que como sabéis se trata de que niños del aula hospitalaria de Valdecilla, fundamentalmente con tratamientos oncológicos, salgan algunas tarde a dar una vuelta en un barco de vela para distraerse, al menos unas horas de sus duras enfermedades.
En cada barco, al menos embarcan un médico, el capitán o dueño del barco y los niños que quepan según la capacidad máxima del barco. 

Como esta haciendo muy bueno, por la mañana antes de comer en casa,  salimos a darnos un cole rápido y tomar el aperitivo, con Mar y los niños, a los arenales.

Los arenales, con la marea subiendo y las gaviotas apurando los últimos metros de playa.

Por las tarde, ya dentro de la actividad, salimos a vela con viento Norte y rumbo a las islas de San Juan, concretamente a la isla de la Campanuca que es la más grande de las tres.

Además de los dos niños que suelen venir, se apuntaron una hija de la médico e Ignacio, así que éramos seis, la capacidad legal máxima del Savreh, que nunca había probado, pero lo pasamos realmente bien.

Por las mareas que  tenemos estos días, ya me imaginaba que Álvaro quería ir a la Campanuca. Yo lo tengo calculado de otros años y el Savreh, con 1,25m de calado, puede acceder a estas islas cuando la curva de marea marca una altura de más de 4,10m.
La única obsesión de los niños era bañarse, así que antes de que la Cruz Roja viniese con una zodiac a desembarcarnos, se bañaron tanto tiempo que casi no les da tiempo a merendar.

Chistes en la proa.
El Corto Maltés
Ya en la isla, estuvieron cogiendo moras y explorando la isla. No subimos a la peña porque éramos pocos adultos para formar una cadena y ayudar a los niños a escalar. Desde arriba, se ve la otra isla, que es más pequeña,  Peña Rabiosa. Hay una tercera isla, más baja y pegada a tierra, que investigando en Internet he averiguado que simplemente se llama Isla Tercera.

La isla de la Campanuca.
Antes de que viniese de nuevo la zodiac a buscarnos, se bañaron de nuevo desde la isla y luego,  cuando llegamos al barco, se ve que no habían tenido suficiente,  se bañaron otra vez.

A la vuelta, a motor y anocheciendo, se echaron los cuatro niños, en la cubierta,  en la proa a contar chistes. El barco iba tan hundido de proa que la médico y yo ibamos subidos al borde le la popa para equilibrar el barco.
El Billy Budd y el Corto Maltés

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