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sábado, 6 de agosto de 2016

El Faro del Caballo

Al día siguiente no se cumplieron las previsiones que daban nublado y amaneció totalmente despejado. 

Una de las excursiones previstas era la de fondear bajo el faro del Caballo.  Fue construido en 1863 y anteriormente tenía adosado la casa del farero. Los casi 700 escalones de acceso por tierra fueron picados en la roca por los reclusos del Penal del Dueso. Está en un acantilado orientado al este por lo que si hubiera soplado el nordeste típico del verano de fuerza 4 ó 5, no hubiéramos elegido este lugar, pero soplaba norte flojito y además no había mucha ola. El fondo es de arena limpio y hay algunas rocas permanentemente sumergidas que destacan mucho sobre el fondo verdoso y que son fáciles de evitar. 
Después de tener que repetir la maniobra por querer apurar demasiado, fondeamos bastante cerca del faro. Enseguida nos bañamos todos y yo me fui buceando a las cuevas que hay debajo del faro. Son muy altas, profundas y tienen varias entradas desde los acantilados, a ellas entran piraguas, incluso botes a motor.

Después de comer, los niños vieron una película en el i-pad y Mar y yo nos echamos una siesta. Desde la litera, el único paisaje que mostraba la escotilla de proa, pese al borneo y las olas, eran los acantilados repletos de vegetación del monte. 
Nos dimos otro baño y volvimos a motor a nuestro nuevo puerto base de Laredo. El pantalán A de tránsito estaba repleto de veleros franceses, incluso motoras y catamaranes. El nuestro era el barco mas pequeñito. Nos hicimos amiguetes de un matrimonio con una motora, de crucero hacia Galicia y de un matrimonio  de Bilbao con dos niños de la edad de Ignacio y Sofía que también estaban de crucero y venian de Castro Urdiales.

Los niños se hicieron amigos y se entretenían pescando quisquillas en los pantalanes cuyos flotadores están a punto de declararlos reserva natural, debido a la cantidad de fauna que albergaban.

Por la noche, después de una ducha, fuimos a la parte antigua de Laredo a comprar algunas provisiones y picar algo.


Nunca había buceado dentro de una cueva.



Esta noche no llovía y se podía estar con el barco abierto.

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