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lunes, 8 de septiembre de 2014

A la tripulación hay que tenerla ocupada

El domingo pintaba de cambio. A las 21:00h el pronóstico anunciaba lluvias y cambio de viento. Teníamos que hacer cosas y no salimos hasta las 16:00h. 
Como no me fiaba, no quería fondear en la playa de Pedreña, porque si rola el viento al NW, te quedas fondeado con la playa a sotavento, poco fondo y la marea bajando. Así que nos fuimos al puntal que tiene más margen de maniobra. Nos encontramos a mi hermano Álvaro, que bajaba del río Cubas con la motora.

El bote y al fondo, el Savreh fondeado. Las nubes no indican nada bueno.

Sofía, mucho más lista, se quedó en la playa haciendo un castillo de arena.

Bajamos a la playa y nos bañamos. Al rato, y sin dar tiempo a que nos secásemos, cambió de NE a W. Hacía frío, regresamos a todo correr al barco, y nos secamos. Los niños merendaron y los mayores nos tomamos un café calentito. Cuando estábamos dentro despistados, nos saludó N.P. por la popa y levantó arena con los motores. La marea estaba bajando, nos habíamos despistado y estábamos a punto de tocar con la orza. Levamos anclas enseguida y nos fuimos.

Nos cruzamos con este remolcador que tiene base en Santander, por su forma, no se sabe si va o viene, parece que va hacia la derecha, pero por su estela, en realidad va hacia la izquierda. 

Cuando llegamos a Santander, y como Ignacio se muere de ganas por jugar con la manguera todos los días, le he enseñado a endulzar el ancla y la cadena en el pozo. Así por lo menos, mientras baja, abre la válvula, desenrosca la manguera, sube, etc, lo mantengo ocupado y no se amotina.

 A la tripulación hay que tenerla ocupada.






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