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miércoles, 3 de septiembre de 2014

Misioneros y caníbales

Llevamos cinco días de nordeste, con buen tiempo. Ayer martes, estuvo soplando desde el alba hasta la puesta. No se cumplió lo habitual, que es que el nordeste salga a las 12:00 del mediodía y a eso de las 19:00 vaya cayendo. "No hay nordeste que a las siete no se acueste".

Hoy ha sido el primer día que Ignacio ha traído un amigo al barco. Estaba muy emocionado y estaba todo el rato saltando y poniéndose de pie donde no debía. 

Salimos a las 16:30 de Puertochico y fuimos derechos al Puntal, fondeamos justo en la bajamar después de un intento fallido en el que me volví a quedar justo encima del ancla de la motora de sotavento.

Bajé a los tres niños a la playa en el bote. Mar fue nadando. No nos atrevíamos a hacer dos viajes en el bote y dejar a todos o alguno de los niños solos en el barco o en tierra. Como en el problema de los misioneros y los caníbales que tienen que cruzar el río en un bote, lo que pasa es que en el problema, no se cansa nadie de remar y se pueden dar todos los viajes que se considere.

Un misionero con tres caníbales.

Estuvimos en la playa hasta que se nubló, volvimos al barco y merendamos dentro porque estaba refrescando.

Volvimos a Santander a vela, con la mayor también ya que hacía muy poco viento. Eramos pocos en la bahía y nos picamos con otro barco que también volvía con el génova y a motor. La tripulación se indignó mucho porque no habíamos puesto el motor además de las velas.

La vuelta a Santander en una "trepidante" regata y secando las toallas.

Cuando estábamos recogiendo, después de amarrar, se puso a llover, pero ya nos fuimos a casa.

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