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domingo, 6 de julio de 2014

Carpe Diem

Ayer sábado el Savreh participó en una actividad organizada por el pediatra Álvaro González de Aledo, consistente en en que niños del aula hospitalaria del Hospital de Valdecilla, con apoyo del servicio de oncología pediátrica salgan a navegar a vela en barcos de crucero.
La actividad es a título particular y voluntaria y sin apoyo institucional.
En cada barco hay un capitán (el dueño del barco), un médico o enfermero y los niños que quepan, según el tamaño del barco. El capitán se ocupa del barco y de enseñar a los niños los asuntos naúticos. El médico les atiende, les ayuda a cambiarse y a tomar la medicación que necesiten, etc. 

En el blog, no colgaré fotos de los niños, ni escribiré sus nombres, por aquello de la protección de los menores, protección de datos, etc. Vamos, por lógica discreción.

Este sábado participamos cinco barcos, en el Savreh, fuimos una doctora, dos niños de 9 años y yo.


No nos conocíamos ninguno, quedamos en el malecón de Puertochico, primero nos encontramos la doctora y yo, luego un niño con su padre y al otro le tuvimos que llamar por teléfono porque al no reconocernos se fue a otro sitio.

Quitamos el bote, nos preparamos y salimos de Puertochico a popa (en contra de la predicción, soplaba nordeste) para encontrarnos con los barcos que bajaban de Marina del Cantábrico. Fuimos al puntal ciñendo, había bastantes barcos por la bahía y estuvimos ensayando la maniobra de virada. Los grumetes resultaron ser muy majos, y con uno de ellos no te aburres seguro, no callaba, no me atreví a dejarles la caña, luego a la vuelta si que la llevaron.


Quedamos por radio y fondeamos todos juntos en la esquina que forman la canal de Pedreña y la canal del Puntal.
De izquierda a derecha: el Corto Maltés, el Jarmatán, el Kalama y el Cherne.

Los niños, después de que me hicieran probar el agua a mi primero, se bañaron, luego vino un bote y se llevó a los que quisieron al Puntal. Uno de mis grumetes se quedó en el barco y le estuve enseñando a tomar la posición con el compás de marcaciones. El chaval lo clavó, como veis en la foto.


A la vuelta, quedaba poco viento, volvimos a vela en popa pasando primero por la playa de los peligros. Los grumetes se turnaron a la caña, yo creo que se lo pasaron en grande (yo también).

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